
Ayer estuve viendo el documental "My kid could paint that" de Amir Bar-Lev. Trata el famoso(?) caso de Marla Olmstead, una niña de 4 años que pinta cuadros y los vende por miles de dólares. Paradójicamente (o quizá no), ella no es la protagonista, sino sus padres, que han sido llevados a juicio por la sospecha de que coaccionan y dirigen demasiado la "creatividad" innata de su pequeña.
Pero a mi lo que más me ha fascinado es que la película no toma partido por nadie, ni pretende "justificar" el talento de esta niña. Y lo hace de una forma muy sencilla: plasmando las dudas que el propio director tiene.
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