Esta semana se inauguran dos exposiciones de Jorge Vidal.
Una el día 5 de octubre a las 20h en el Monasterio de Nuestra Señora de Prado (Valladolid), se trata de una muestra antológica itinerante organizada por la Junta de Castilla y León que abarca diferentes aspectos de su obra entre 1964 y 2004. La exposición estará en esa sala hasta el 30 de Octubre, después se podrá ver en León del 9 de Noviembre al 23 de Diciembre en la Sala Lucio Muñoz de la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León.
Durante el 2006 seguirá su curso por diferentes capitales de la región,mas abajo están las fechas.

serie "pirámides" 1977
La segunda exposición se inaugura el día 6 de octubre en la Galería de Arte Samuel, c/Miguel Iscar en Valladolid, se trata de su última obra 2004/2005, lleva por título "transiciones" y se podrá ver hasta el 25 de octubre.
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calendario de esta exposición para el 2006 :
SALAMANCA
12 de enero a 26 de febrero. Casa de las Conchas
ÁVILA
1 de marzo a 23 de abril. Monasterio de Sta Ana
SORIA
2 al 26 de marzo. Palacio de la Audiencia
BURGOS
9 de mayo a 25 de junio. Museo de Burgos
BURGO DE OSMA
23 de agosto a 31 de septiembre. Centro Cultural San Agustín
SEGOVIA
10 de octubre a 12 de noviembre.Museo Zuluaga. Iglesia de
San Juan de los Caballeros
PALENCIA
3 de noviembre a 23 de diciembre.Museo de Palencia
Aquí tenemos dos muestras de su obra, una de la exposición Jardín de Invierno (2002/2004) y otra de la retrospectiva del año 2002 con cuadros de diferentes épocas.

"metamorfosis" 1975
NOTA BIOGRÁFICA
JORGE VIDAL (Valparaíso, Chile. 1943)
Antes de embarcar en el mercante que en 1966 le llevará a Alemania, Jorge Vidal se forma en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar donde recibe clases de pintura de Hans Soyka y de grabado con Carlos Hermosilla, campos artísticos en los que continuará trabajando más adelante.
En Valparaíso, su ciudad natal, son vistas sus primeras obras en exposiciones colectivas, pero muy pronto aprovecha la primera oportunidad que se le presenta para trasladarse a Europa en un viaje de juventud que aunaba formación personal y artística.
Asustado por el gélido invierno alemán, en 1967 llega a España, primero a Madrid y luego a Valladolid, donde se presenta buscando a Cuadrado Lomas y a Gaona, cuyas direcciones le había proporcionado Jesús Iragüe, un vasco que había vivido en la ciudad castellana y que casualmente había conocido en Hamburgo. Este viaje es determinante en su vida, ya que en Valladolid se instala y se integra en el grupo de amigos que forman Félix Cuadrado Lomas, Gabino Gaona, Domingo Criado, Paco Sabadell, Pepe Relieve, Blas Pajarero, Santiago Amón y Fernando Santiago entre otros, referente para la cultura de la ciudad.
Establecido casualmente entre la colonia de estudiantes universitarios,
a la que pertenecían Mario Mendoza o Robert Valcour, prepara sus primeras exposiciones individuales en la Sala Jacobo con obras especialmente
vibrantes de color y al tiempo comparte viajes que eran habituales en la vida de Cuadrado Lomas y Gaona. En uno de ellos al Algarve, en 1969, conoce a Jo Stempfel, con quien se queda a vivir en Albufeira; a pesar de todo, su contacto con el grupo vallisoletano ya no se perderá.

Joge Vidal y Jo Stempfel por GVich (2004)
En 1971, aburridos de la tranquilidad portuguesa, Vidal y Stempfel se trasladan a Ginebra, impulsados por algunos contactos que la suiza mantiene en su país de origen. Durante los siguientes años, Jorge
Vidal va a trabajar en el Centro de Grabado de Ginebra y viajará por Francia, Alemania e Italia conociendo obra de artistas que influirán en su
obra como Jorge Castillo. De todos modos, continúa visitando periódicamente Valladolid, donde se presenta con telas enrolladas para su venta en las que aparecen sus interiores silenciosos de aspecto vagamente surrealizante en los que el color se ha apagado súbitamente.
Agotada la etapa ginebrina, la reciente muerte de Franco le anima a regresar a Valladolid, donde los amigos y la venta regular de su obra suponen un importante atractivo.
Desde 1976, su permanencia en Valladolid será constante. En ese año comienza a trabajar con Antonio Machón en la Galería Carmen Durango. Gracias a él se producen contactos que permiten que la obra de Jorge Vidal sea vista fuera de Valladolid en León, Zaragoza o Zamora y fundamentalmente en Madrid a través de la Galería Kreisler Dos.
Durante la 2ª mitad de la década de los 70 va a realizar una pintura que trata, en una evolución directa de sus óleos de Ginebra, el tema de las metamorfosis; del mismo modo, también se ve impulsada su labor como grabador mediante ediciones muy cuidadas por su galerista.
Entre 1978 y 1981 gana los premios de la II Bienal de Pintura Contemporánea de Barcelona, el Nacional de Pintura de Valladolid y el de la VI Bienal de Pintura “Ciudad de Zamora”.
Son años en los que investiga en nuevas direcciones y cuando el color recobre una importancia vital en temas cercanos al paisaje. Jorge Vidal se convierte en una referencia ineludible para los artistas vallisoletanos
que, a partir de su obra, concebirán de modo mucho más libre la pintura y utilizarán un colorido más sugerente y sensual.

Sin embargo, en los años 80, cuando parece llegado el momento óptimo para el reconocimiento de su trabajo, hay circunstancias que van a jugar en
contra de la difusión de la obra de Vidal. En concreto, el cierre de la Galería Kreisler Dos en Madrid y la ruptura de Antonio Machón con el
ambiente vallisoletano dejan a Vidal sin sus contactos principales. Si a ello se une la convulsión en la pintura española de esos años, la apuesta clara y sin reservas por determinados nombres en el panorama pictórico español, e incluso situaciones puntuales como la muerte de Santiago Amón, quizás el crítico más cercano al chileno, se comprende su repliegue a un ámbito más local.
Esta integración en el mundo vallisoletano y regional se manifiesta en la multitud de proyectos colectivos en que Jorge Vidal participará durante
la década de los 80 y los 90: exposiciones en representación de artistas vallisoletanos en particular y de Castilla y León en general, muestras
conmemorativas de distintas instituciones, entidades y colectivos, iniciativas solidarias o colaboraciones como la que en 1984 le lleva a pintar los telones para las “Comedias Rápidas” del Teatro Corsario, hacen referencia a un pintor de origen chileno, siempre implicado en la dinamización cultural de la ciudad que le acogió.
A partir de la 2ª mitad de la década de los 80 retoma la colaboración con la Galería Orón, continuadora de la Sala Jacobo, volviendo a exponer
junto a Cuadrado Lomas, Gaona, Criado o Stempfel. Su vinculación con esta galería que reúne a su grupo de amigos, sin embargo, no será exclusiva y en esos años y en los 90 realiza proyectos para la Galería Castilla, Ana Blanco o J&C Gallery, lo que no deja de ser bastante significativo del siempre débil sector galerista vallisoletano, con iniciativas empresariales de poca duración.
Vidal aborda desde los 90 una etapa en la que la abstracción se va imponiendo poco a poco en su obra con un componente gestual y matérico
cada vez más marcado, incluso en las ocasiones en que alterna con lenguajes más figurativos, algo en lo que no encuentra ningún problema.
El inicio del s. XXI nos presenta a un pintor que realiza una obra aún vital. Sus experimentos monocromos han dado paso a la serie Jardín de
Invierno, donde se retoman temas como el paisaje, reinterpretado ahora de modo más misterioso y sugerente.
Después de muchos viajes en su vida, Jorge Vidal ha permanecido 30 años en la misma ciudad y no parece que vaya a trasladarse, al menos en breve
plazo. Mantiene sus amistades y su afán por pintar.
Es chileno, pero sin él no se comprendería la pintura de las últimas décadas en Valladolid.

"volcanes" 1990
[Fragmento del texto La imaginación nómada, de Javier Hernando,
en el catálogo de la exposición]
(…) Las constantes alternancias formales de su obra no hacen sino ratificar esa sospecha. No es Jorge Vidal un artista sumido de manera permanente en un modelo formal, ni siquiera en un argumento; por el contrario su palpable vocación experimentadora le conduce una y otra vez a reformular sus planteamientos.
De ahí que transite con naturalidad entre abstracción y figuración, que otorgue el protagonismo compositivo al dibujo o al color, que puedan establecerse parentescos de su obra con la mayor parte de las tendencias dorsales de la segunda mitad del siglo XX: desde la ya citada Nueva figuración hasta la pintura del Color Field, pasando por el Informalismo. No obstante ese implícito eclecticismo está suturado de manera permanente por dos elementos: la iconografía y el color. Este último es siempre
elemento central de su obra, aún cuando el dibujo imponga la estructura del todo y las partes; es el que le otorga identidad. Y en relación al primero es asimismo permanente la recurrencia a iconos de diferente signo (…).
(…)Volvemos de este modo, con la alusión una vez más a lo geográfico, al principio.
Porque de una u otra forma la sucesión de espacios geográficos, de lugares, caracterizó la trayectoria personal y artística del autor
durante más de un decenio.Y aunque desde la primera perspectiva: la personal, a partir de su instalación en la ciudad de Valladolid el artista
nómada se torna sedentario, su obra continuará reflejando un espíritu viajero. Su inmediata integración en el grupo de pintores vallisoletanos
al que me he referido más arriba sin duda alteró los parámetros vitales que le habían acompañado hasta aquel momento. No se trataba de un grupo que defendiera un comportamiento estético determinado, como demuestra la diversidad de poéticas que reinaron en su seno. Su compartición de
aventuras intelectuales no desvió a cada cual de su propio camino, si bien es cierto que en el caso particular de Jorge Vidal el influjo que ha
ejercido hasta nuestros días en pintores de sucesivas generaciones, y no sólo de su propio círculo, es verdaderamente sorprendente y muy
revelador de la seducción que ejerce su trabajo.
Un trabajo que se presenta casi siempre asociado a la idea de paisaje. “Con mi pintura viajo, me invento mis paisajes” declaraba el propio artista (Juan Manuel Almarzo,“Desde los tendederos de Valparaíso a los silentes interiores”, en Papeles Plástica, ob. cit.), transmitiéndonos
con absoluta claridad las claves de su creación. Porque, en efecto, no es Jorge Vidal un autor que precise de la experiencia constante de nuevos lugares para alimentar su obra. Él, que abandonó las vicisitudes del tránsito continuo por la estabilidad de lo permanente, transfirió a su
imaginario la responsabilidad de descubrir nuevos espacios, o dicho de otra manera, reforzó el poder de su imaginación al diferirle su
nomadismo.

"ginebra" 1975
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