Lo que yo veo son muchachas despreocupadas en su intimidad, seguras de que nadie las observa, quizá en el sopor de la siesta una tarde de verano. Los elementos que hay por ahí pueden ser sueños, deseos, o simples habitantes de un mundo mágico en el que probablemente ellas viven. Pero el gallo acecha. El gallo que es símbolo solar, despertador, apagador de ensoñaciones (te hace volver a la realidad), y símbolo machista de amo del corral. Es en todo caso un perturbador.
Gustavo Martín Garzo vio una estancia encantada. Y yo, de alguna manera, también. El formato cuadrado en todos los cuadros de la serie es como un cobijo perfecto, como la seguridad que infunde un abrazo. Pero el gallo…