Está claro que hay que empezar por quererse a uno mismo y valorarse, pero sin olvidar que para lo cual no es necesario tirar a nadie por tierra. Cuando alguien se queja de nuestro comportamiento o actitud hacía él o ella, nos defendemos criticando los defectos de nuestro atacante, olvidando ser objetivos, no orientándonos en la realidad de sus palabras y lo que busca con su crítica. El orgullo siempre es bueno, pero como con todas las cosas, usadas con fines de superación o mejora, no para imponerse sin más. La crítica nos ofende, nos duele, nos hiere, quizá sea un defecto de protección de anteriores experiencias que no nos permiten descubrir cuando son constructivas, cuando hirientes y mal intencionadas. Debemos ser conscientes ante la crítica, escuchar, asimilar y después decidir una respuesta contrastada y sincera, evaluando la veracidad de esas palabras para conseguir la superación y la mejora en nuestra personalidad. Difícil decisión y situación, pues desde niños observamos que debemos ser mejores que los que nos rodean. Nos perdemos en las grandes cosas, obviando que las pequeñas son las que hacen posible que existan las grandes. Debemos “aprender a vivir”, escuchando, eligiendo bien en quién confiamos, no postergando, y siendo discretos a la vez que valientes con nuestras decisiones y pensamientos. Guardo, en una de mis agendas con mucho cariño, una tarjeta que me entregó esta amiga a mí y al resto de los compañeros del curso anteriormente comentado. El título de dicha tarjeta es “el eco de la vida”, que no es más que una pequeña historia con mucho valor y gran veracidad, autentificada en su reverso por las frases y firmas de esta amiga y compañeros. En mi puesto de trabajo tengo una fotocopia aumentada de esta historia para que se lea bien, pegada en una mampara que hay frente a mí. La leo habitualmente, para no olvidar que la vida nos da de regreso lo que la hayamos dado. Si queremos felicidad hemos de dar felicidad a los que nos acompañan y rodean, si queremos respeto, debemos respetar. Es una relación que actúa en todos los aspectos de la vida, y como muy acertadamente alguien dijo: “Si no te gusta lo que recibes, revisa muy bien lo que estás dando”.
Con estos pensamientos y otros muchos me debato en mi soledad, no pretendo arreglar el mundo, sé que tengo mucha tarea conmigo mismo, sólo hacer ver y comprender que hemos de ser consecuentes con nuestras acciones y palabras. Las cosas no son mejores porque se consigan superando a alguien, son mejores cuando hacen que nos superemos a nosotros mismos. Debemos cuidar nuestra mente, limpiarla de cotilleos, comentarios y pensamientos negativos que hacen florecer los celos, evitar conversaciones inútiles, para poder conectar con la fuerza que hay en nuestro interior. Hagamos de nuestra vida una vida de grandes logros, planteándonos metas sabias, que estén a nuestro alcance y tengan como principio nuestro crecimiento personal. Empecemos cada día con ilusión, dejando pasar lo que no aporte nada positivo, evitando ser abatidos por las situaciones y las personas negativas. Veamos el mejorar como algo natural, aceptémonos para así poder alcanzar las metas personales, dejando que los cambios se produzcan con facilidad. El agradecimiento cae en el olvido y el respeto se pierde en la aventura del poder, olvidando ser amables incluso con nosotros mismos. Muchas de estas actitudes son generadas por la tendencia a magnificar los pequeños contratiempos cotidianos, hay que adoptar una visión global de las situaciones para darnos cuenta de que no son el centro de nuestra vida. De esta manera, la solución o el desenlace llegará fácilmente, pues es costumbre humana adelantar los finales y conclusiones sin haberse producido en ocasiones siquiera la situación.
No dejemos que nuestro miedo nos paralice, el miedo hay que usarlo como una herramienta de diagnóstico, como intuición, moviéndonos por el camino señalado por el corazón sin detenernos. En el momento que el miedo se apodera de nuestra mente se acabaron las reacciones, el miedo siempre existe, pero el saber hacer de él una herramienta más de superación es lo que diferencia a unos y otros. No es necesario correr riesgos del tipo que sean constantemente, pero si es necesario tener el valor suficiente para enfrentarnos a las situaciones que sean humillantes o desproporcionadas contra nuestra persona. De lo contrario, nos perderán el respeto, porque nos lo hemos perdido antes a nosotros mismos. No olvidemos que de las cosas que más admiración y respeto suelen generar, es una persona consecuente con sus palabras, pensamientos y hechos. Piensa como quieres vivir en realidad y, luego hazlo, no seas un espectador de tu vida, has de ser el protagonista, consigue tus metas y alégrate del éxito de los demás, como del tuyo propio. Los celos son destructivos y mezquinos, nos alejan de la realidad; no olvidemos que lo que entregamos hoy, mañana nos será devuelto, con la misma cantidad o mayor. Enseña con el ejemplo y no sólo con las palabras. Por eso, sé como en realidad quieras ser, viste con ropa que te identifique y sea cómoda con tu personalidad, defiende tus ideas con respeto y dignidad, no vivas de especulaciones ni del que dirán, que tu reflejo sea una realidad.
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